viernes, 25 de abril de 2008

DICHOS DE LA BEATA CANDELARIA DE SAN JOSÉ


(Extractos de sus cartas)

1. Necesitamos conocer a Dios y saber a qué nos hemos comprometido. Qué horror si perdemos el tiempo saludable que el Señor nos manda en esta vida, donde están los tesoros para comprar el cielo. Todo lo perdemos porque no amamos a Dios, nuestro primer principio y último fin.

2. Dios sabrá darnos la tranquilidad cuando a El le plazca, pues todo lo dispone con peso y medida. Esto me anima a llevar con valor todo. Más, estando como estamos tan cerca de El por medio de la Divina Eucaristía, nada tenemos que temer, pues El nos ve y nos oye y sabe que todo lo soportamos por su amor. A cada momento le repetimos: ¡Por ti, Señor!, ¡por ti, Señor!

3. Nuestra misión es hacer el bien, y siempre tendremos personas aquí a quienes prestar nuestros pobres servicios.

4. Yo muy contenta en ver que no se trabaja para perder el tiempo, pues todavía le son agradables nuestras obras al Señor Todavía tengo la esperanza en que correspondan nuestros pobres enfermos, aquellos pobres llamados al festín.

5. Tanto le agradan a Dios los que le servimos en las obras pequeñas como el que le sirve en lo más grande.

6. Todos los días recuerdo lo que nos dice Santa Teresa: “Hijas mías, estamos en esta casa para servir al Señor. Sirvámosle con alegría. No aflijamos su amante Corazón resistiendo a la obediencia, pues Cristo se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz”.

7. El espíritu de sacrificio es el espíritu de esta comunidad. A nosotras no se nos ofreció sino una Cruz y una Imitación de Cristo crucificado.

8. Siempre he procurado imprimir el espíritu del Crucificado, que ha sido mi consuelo.

9. Todo marcha en paz cuando buscamos la gloria de Dios.

10. No estamos en esta vida para descansar. No me faltan mis penas y trabajos, que misericordiosamente me los envía el Señor para que me purifique en esta vida, pues me ama tanto, que quiere que esté siempre en su santísima presencia. Alabemos la bondad de tan buen Padre.

11. Ahora más pido que nos vengan las luces que necesitamos para sometemos de lleno a la santísima voluntad de Dios y conformarnos con lo que le plazca a Él, pues estando Dios servido todo lo demás nos vendrá por añadidura.

12. No contamos con medios humanos, pues parece que todo lo que nos pudiera consolar en esta tierra de miserias se cambia en aflicciones aparentes, para que podamos marchar desprendidas a la Patria, que es lo que tanto anhelamos.

13. En todo debemos hacer la voluntad de Dios. Todos los días debemos dar un paso a perfeccionarnos, pues el pensamiento de que no somos de esta tierra nos hace acercarnos a Dios, que nos espera más allá.

14. No hable sino de Dios, y así se encontrará tranquila, y aunque tenga muchas ocupaciones, haga todo con calma, como quien lo espera todo de Dios.

15. Hoy, más que en otros tiempos, se necesitan mártires, pero de amor a Jesucristo. Ojalá pudiéramos decir “venga a nos tu Reino “, en nuestras almas y en las de nuestras Hermanas en el Carmelo, y así cada religiosa sería una gran ayuda.

16. Aquí se necesitan almas buenas, que den buen ejemplo; Hermanas misioneras que trabajen únicamente por agradar a Dios, y a Dios sólo.

17. Debemos portarnos como religiosas para poder aspirar a la vida eterna, que se consigue en esta tierra de miserias con el continuo ejercicio de las virtudes. Para nosotras las religiosas la obediencia y la humildad son muy necesarias, pues la religiosa obediente se hace digna de la eterna recompensa.

18. Las Hermanas jóvenes necesitan consejos y buen ejemplo. Los defectos que notemos en nuestras Hermanas procuremos corregir/os con el buen ejemplo.

19. Tengo a Dios y esto me basta.

20. No tengo más consuelo que la oración, y me digo que teniendo a Dios nada me falta.

21. “Piérdase todo para mí, como no pierda a Dios, mi Señor.”

22. Que Dios nos enseñe a amarle sobre todas las cosas. Pues mientras el corazón está inquieto con los intereses de la tierra le quitamos, en cierto modo, los derechos a Nuestro Señor.

23. Si el Señor no nos remedia, será porque no nos conviene. Pero esperemos que el que se nos da todos los días no nos negará gracia alguna que le pidamos.

24. Todo lo espero de Dios, que es mi ayudador, y en todo me hace esperar con alegría lo que sea de su agrado.

25. Todo lo debemos ofrecer para glorificar a Dios, que nos envía las penas porque nos ama. Debemos recordar la Pasión santísima de nuestro buen Dios, y cuando nos hace semejantes a El, nos debemos animar a padecer más todavía. Los dolores que padecemos en esta vida son símbolos de vida eterna.

26. Dios nos dé fortaleza para llevar todo en amor, por ser Él quien es y porque lo amo con todo mi corazón. Todo me parece nada cuando me vuelvo a Él; es como si estuviera ya contemplando su dichosa compañía. Esto me anima a padecer más todos los días y, al mismo tiempo que me voy acercando a la muerte, me voy animando más a padecer.

27. Entregada a la voluntad de Dios y de mis superiores espero lo que venga, ya próspero, ya adverso, como dispuesto por Dios, “que es todo amor y que nos dice: “Venid a mí los que estáis cargados y afligidos, que yo os aliviaré”.

28. Dios tenga misericordia de mí, pues en lo humano no tengo quien me consuele. Gracias a Dios, pues esto mismo me hace encontrar dulce el padecer.

29. Tengan paciencia, pues la paciencia alcanza más misericordia que todas las alegrías y gustos que Dios nos puede enviar. El padecer de las religiosas es música muy agradable a Jesús.

30. Dios tiene sus delicias de apacentarse donde están las almas que sufren con paciencia. El padecer de las religiosas, le es a Dios música muy agradable. Así que alegrémonos de pertenecer a estas almas.

31. En todo debemos procurar estar muy unidas con el amado Jesús, que es el que puede llevarnos, y así espero que del Sagrario salgan las luces que deben iluminar nuestras tinieblas y, encendidas en esas divinas llamas, nos sean ligeras las cruces que su misericordia quiera enviarnos para nuestro bien espiritual.

32. Estoy tan conforme con el padecer que espero alcanzar misericordia por este mismo medio. Así que, ¡arriba los corazones! No nos aflijamos, pues Jesús es nuestro mediador para con su Eterno Padre y todo lo alcanzará con abundancia, pues llena de bienes a los que en El confían.

33. Yo soy la que estoy obligada a tener caridad con las pobres Hermanas, y estoy muy contenta, pues pienso que Dios no está obligado a darnos a los superiores los hijos espirituales todos iguales y a gusto de nosotros. He aprendido de las flores naturales que Nuestro Señor nos las ha dado de distintos colores y de distintas propiedades. Así no estamos autorizados a destrozarlas en el jardín que nos ha confiado a nuestro cuidado, a odiar las florecillas que no tengan todas las virtudes que nosotros queremos.

34. Yo sólo poseo el tesoro de mis pobres oraciones y nada más puedo ofrecer, y no es poco para los que tenemos fe.

35. La oración es todopoderosa. Pidamos con fe y alcanzaremos lo que pedimos.

36. iAh, qué felices fuéramos ya viviendo en la tierra vida de ángeles! y ¿por qué no vivimos ya esa vida, si estamos escogidas y muy seguras de que, si correspondemos a la gracia, todo lo tenemos ya ganado? ¿Por qué queremos hoy una cosa y ya mañana otra? Si tenemos a nuestro Jesús Crucificado contento, ¿qué nos importa todo lo demás?


37. Unámonos en espíritu para bendecir al Señor y marchar en su presencia en todos los instantes de nuestra vida, y así llegaremos más fácil al fin que nos proponemos, que es la Tierra Prometida.

“El pensamiento de que no somos
de esta tierra hace acercarnos a Dios, que nos espera en el más allá”.

Beata Candelaria de San José

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