viernes, 25 de abril de 2008

LA BEATA CANDELARIA DE SAN JOSE

PRESENCIA DE LA BEATA
CANDELARIA DE SAN JOSE
EN MARGARITA Y COCHE
FUNDADORA DE LAS HERMANAS CARMELITAS VENEZOLANAS,
DEL HOSPITAL DE MARGARITA EN PORLAMAR Y PRIMA DEL LIBERTADOR
VIDA–NACIMIENTO–INFANCIA–PATRIA
Nació la Beata Candelaria de San José en Altagracia de Orituco, el once de agosto de 1863. Hija de Don Francisco de Paula Paz Castillo, médico insigne y María del Rosario Ramírez, mujer y madre ejemplar, siendo bautizada el 27 de febrero de 1864 con el nombre de Susana, en la Iglesia Parroquial Ntra. Sra. De Altagracia por el Prebistero Dr. Juan Pablo Cabrales, fueron sus padrinos Agapito Belisario y Francisca Ramírez. Sus abuelos maternos fueron Don Antonio Paz Castillo y Bolívar y Doña Candelaria Pérez y Bolívar, siendo Doña Candelaria prima hermana del Libertador Simón Bolívar, residenciados en Caracas, vecinos de la parroquia de la Candelaria y muy devotos de la Virgen en esta advocación. Contáronse entre los que salieron en el mes junio de 1814; muchas familias caraqueñas emigraron a Oriente ante el horror del avance de las tropas del sanguinario José Tomás Boves, que marchaban hacia la Capital después de haber sacrificado a cuchilladas a la mayoría de la población de Valencia. Durante la guerra de emancipación figuraron los Paz Castillo entre los venezolanos que marcharon a los campos de Batallas y Nueve hermanos Paz Castillo lucharon a favor de la Independencia de la Patria valientemente. De razas de héroes fue ésta religiosa. Diferente su heroísmo.
Recibió el Sacramento de la Confirmación en el Templo Parroquial de Altagracia de Orituco el 13 de Junio de 1870, de manos del Ilustrísimo Sr. Doctor José Manuel Arroyo y Niño, Obispo de Guayana. Fue su madrina Elodia Belisario. Susana hizo su primera comunión a los 16 años, de manos del Prebistero Dr. Alberto González.
Los Paz Castillo, después de la forzada y penosa marcha (en las que muchos perdieron la vida), atravesando escabrosas montañas y siguiendo por los valles del Tuy (Municipio Paz Castillo), llegaron a Araguita, en donde se radicaron. Posteriormente, algunos de los hijos pasaron a los Valles de Orituco, entre ellos Don Francisco de Paula, quien definitivamente se estableció en Altagracia de Orituco, formando un cristiano hogar con Doña María del Rosario Ramírez del que nacieron cuatro hijos: Francisco de Paula, más conocido por Don Pablo; Trinidad, quien murió a los quince años; Susana (la Beata Candelaria de San José); y Carmela.
La familia Paz Castillo Ramírez constituía un hogar hondamente cristiano como lo habían sido sus antepasados, entre los que se distinguió por su piedad y caridad, la abuela paterna Doña Candelaria Pérez y Bolívar. El Padre, Don Francisco de Paula, era asiduo a la Santa Misa. Se Ocupaba en la profesión de médico. No tenía carrera ni título, pero poseía un buen cúmulo de conocimientos prácticos, que le hacían muy útil a sus semejantes, entre quienes gozaba de muy buena reputación como hombre probo y digno de confianza. Doña María del Rosario era una Madre hacendosa y buena. De ella aprendería Susana su devoción al “Ave María”. En este ambiente familiar de piedad, transcurren los primeros años de Susana; lo que contribuyó a formar en ella una piedad sencilla, pero sólidamente fundada en las virtudes cristianas.
El día 23 de Noviembre de 1870, siendo Susana aun niña, murió el padre. Esto unido a las calamidades públicas, continuas guerras y epidemias que sufrió Altagracia en la segunda mitad del siglo XIX, y al espíritu desprendido y caritativo del hermano mayor Francisco de Paula (más conocido por Don Pablo) motivó el que descendiera de la posición desahogada en que habían vivido, incluso en la necesidad de mudar de casa.
La formación escolar de la Beata Candelaria fue bastante escasa y deficiente, de acuerdo con los tiempos que corrían. Asistió a la escuela de Misia Ulpiana en donde aprendió a leer y escribir y algo de cuentas. Fue discípula aventajada en labores manuales. En el taller de Misa Matías Carrasquel, aprendió corte y confección y toda clase de labores, especialmente bordados y ropa de hombre. Tenía aptitud y facilidad para toda clase de trabajos.
Fué Susana de color trigueño, de mediana estatura, ojos negros, muy vivos, manos delgadas, pelo negro aún siendo anciana; dotada de un temperamento equilibrado y un carácter rico con una bien definida personalidad y de una gran sensibilidad, sobre todo ante la desgracia ajena, era sincera, sencilla, afable, agradecida, cortés, humilde, digna, modesta y dulce en su trato, su presencia infundía respeto. “Era una Santa al decir de los que la trataban”.
De casta de héroes Susana “La Beata Candelaria de San José”, quiso seguir por los caminos de su abuela Doña Candelaria Pérez y Bolívar que se distinguió por su piedad y caridad. Por eso al vestir el sayal de religiosa escogió para si el nombre de Hermana Candelaria en honor a su madre, también por la especial devoción a esta advocación de la Santísima Virgen, cuya imágen guardaba como legado de familia; pues cuando la familia vivía todavía en Caracas tenía esta imágen bajo su cuidado y; en la forzada emigración, se la llevaron a Araguita tanto para que las protegieran como para ponerla a salvo. Actualmente dicha imágen se encuentra al lado de la tumba de la Beata Candelaria de San José, situada en la Casa Generalicia de las Hermanas Carmelitas ubicada en la Urbanización La Campiña, Avenida Mirador Nº 12-05. Caracas.
La Beata Candelaria de San José demostró su valor acudiendo a la vera del moribundo, del humilde, para enseñarle a perdonar, y acercándose con amor a curar y cauterizar las heridas abiertas por el odio; los recogía en su propia casa, ya sea en catre de lona que ella misma arreglaba o en chinchorro, los acomodaba, los curaba y los sostenía con las limosna y el pan de los pobres de San Antonio.
En realidad no le faltó la fortaleza de los Libertadores que le daba ánimo para emprender y sostener sus obras de caridad en bien de la humanidad adolorida y enferma. Viajera incansable por todo el país, en su época, cuando los medios de transporte eran la mula o la goleta y la mayoría de las veces caminando por senderos, llanos o montañas, que fueron sus medios para trasladarse, llevando en sus venas la sangre de los patriotas y en su alma la bendición de Cristo para aliviar el dolor de los enfermos y las penurias de los necesitados; aunque para ello fuera preciso largos y fatigosos viajes atravesando ríos caudalosos o afrontando la furia del mar en frágiles e incómodos veleros; pasando abruptas montañas o atravesando bajo el sol abrasador la inmensa sabana, a pies o a lomo de mula, siempre en busca de una limosna para sostener sus hospitales y llevar el sustento para sus enfermos y pobres.
El Padre Alberto González fue objeto de las atenciones médicas de Susana, en una ocasión sufrió una herida en la pierna izquierda que se le infectó hasta engangrenársele y estar en peligro de muerte; no teniendo quien lo atendiera fué Susana quien lo curó, teniéndole que cortar con tijeras toda la piel infectada. Con solicitud y espíritu de caridad atendió y curó al anciano sacerdote salvándole la vida.
De notable entereza, aún sufriendo dolencias, de carácter aureolada por la dulzura y bondad en vida fué un constante ejercicio de la caridad, especialmente al servicio de los enfermos, ancianos, desvalidos; estableció y sostuvo Hospitales en diversas poblaciones y ciudades del país, contando solo con las limosnas que ella misma salía a recolectar.
En cierta ocasión realizaba una gira por los Estados Guárico, Anzoátegui, Nueva Esparta, Bolívar, Monagas y sus plantas sagradas pisaron tierras de San Juan de Los Morros, Barcelona, Porlamar, Maturín, Cumaná, Ciudad Bolívar, San Fernando de Apure, Upata y viaja por toda Venezuela, con el fin de recolectar fondos para sostener el Hospital San Antonio de Altagracia Orituco, fundado por ella en 1903; transitaba acompañada de otra monja, por caminos quemados por el sol, en medio de las soledades del llano asaeteadas por las picaduras de zancudos, la sed y el calor, temerosas de las fieras; se les hizo de noche sin que por ninguna parte se divisara la luz de algún rancho o vivienda, donde pudieran pernoctar. Refiere su acompañante: “forzosamente por ser hora avanzada tuvimos que abrir nuestras tiendas de peregrinas en plenos bancos de la sabana”. Caí rendida ante el peso de mi naturaleza. Cuando la aurora nos sorprendió proseguimos nuestro camino. Entonces se me ocurrió objetarle: Madre, solamente a nuestros Libertadores en sus aventuras guerreras se le pudieron ocurrir estas marchas tan forzadas. A lo que ella respondió con su sonrisa acostumbrada: Hermana, nuestros Libertadores conquistaban la Patria Terrenal, nosotros conquistamos la Patria Celestial.
Poco tiempo después a la muerte del Prebistero Dr. Alberto González, vino a Altagracia de Orituco para sustituirlo, como cura y vicario interino el Prebistero Dr. Sixto Sosa, nombrado el 11 de febrero de 1903. El Prebistero Dr. Sixto Sosa el 13 de septiembre de 1906 les vistió el hábito a las cinco primeras religiosas de una naciente Congregación, que cambiaron sus nombres: Susana Paz Castillo por Hermana Candelaria de San José; Mercedes Malaver por Hermana Trinidad de San José; Natividad Pérez Medina por Hermana María de San José; Adelina Domenico por Hermana Dolores de San José; y Clara Pérez por Hermana Providencia de San José. Al año siguiente también un 13 de septiembre se les unió Ramona Aragort con el nombre de Hermana Elvira de San José.



Nacimiento, bautismo y confirmacion de la Beata Candelaria de San Jose

Fe de Bautismo de la Sierva de Dios, Susana Paz Castillo Ramirez, nacida el 11 de agosto de 1863 en Altagracia de Orituco


1 comentario:

Milagros Fernández dijo...

LAS ALMAS BUENAS TRABAJAN SOLO POR AMOR A DIOS

ORACION
Oh, Dios dador de todo bien y origen de toda santidad, que a la
Beata CANDELARIA DE SAN JOSE adornaste de
Insignes virtudes, particularmente la de una gran caridad
Para con el prójimo, que le movió a fundar una nueva familia
Religiosa continuadora de su obra. Te pedimos por tu intercesión la gracia que deseamos….. y que la podamos ver pronto con la aureola de los bienaventurados.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Padre Nuestro, Ave maría y Gloria.

Nota: Todo favor recibido de la beata candelaria de san José y aportes económicos para su causa, favor dirigirse a:
Casa Generalicia Hermana carmelitas Av. Mirador nro. 12.05
La campiña Caracas, Venezuela
Telef. 0212. 731.3764 – fax: 0212. 7313258